| El Estado de Costa Rica y el Gobierno Federal |
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| Escrito por Joaquín Bernardo Calvo |
| Martes, 12 de Mayo de 2009 19:23 |
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EL ESTADO DE COSTA RICA Y EL GOBIERNO FEDERAL
Nota del Ministro General del Estado de Costa Rica al Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores de la Federación
San José, octubre 8 de 1827.
Ciudadano Ministro de Relaciones:
Por el correo extraordinario que regresó de esa capital ha recibido mi Gobierno diferentes comunicaciones atrasadas de todo el ministerio, desde el 7 de Abril último, y colección de impresos, conforme todo al índice de 14 de agosto próximo pasado.
Después de haber carecido de comunicaciones desde el 7 de Marzo y aun de noticias positivas acerca del estado y progresos de los negocios públicos de la Republica y de los Estados, y después de la mayor ansiedad por el restablecimiento de la tranquilidad interior y del régimen constitucional, mi Gobierno y aun todo el Estado se ha llenado de luto, confusión y amargura a vista del cuadro lastimoso que la República presenta a la consideración, por la desorganización de las autoridades federales, por el entorpecimiento y embarazos ofrecidos para el restablecimiento de ellas, por el proyecto avanzado del Salvador invadiendo en Marzo a Guatemala, por el contraste y subversión de principios que se observan entre las partes que se dice contienden por lo que se llama restablecimiento del orden, por los estragos, atrasos, desmoralización y descredito que acarrea a la República el. estado ominoso de guerra civil a que se ha reducido la cuestión en varios puntos, y finalmente, por la tendencia peligrosa contra la libertad y seguridad pública que por tales medios aparejan las operaciones, amenazándonos con la triste alternativa de sucumbir al peso de una tiranía domestica, o de perecer a los filos del cuchillo revolucionario.
El Estado de Costa Rica, que en todas ocasiones ha dado pruebas inequívocas de su amor a la paz, al orden y a la ley, no menos que de su decisión por la libertad e independencia, no puede contemplar sin un secreto espanto y un profundo sentimiento la terrible perspectiva y triste degradación a que rápidamente camina la República; y el Gobierno, como fiel órgano de los sentimientos de sus habitantes, que hasta ahora ha observado en silencio, juzga de su deber romper éste a interpelar la atención del Supremo Gobierno de la Republica y de los Estados sobre los verdaderos intereses de la Nación y recursos mas adaptables para la reparación del mal, y para ello recordar algunos hechos demostrativos de la sanidad y buena fe con que se ha comportado el Estado en la actual crisis.
Cuando el Gobierno federal, en razón de las disposiciones emanadas del Congreso para reemplazar y reforzar con un aumento extraordinario el ejército por el riesgo que al parecer amenazaba en las fronteras de la República mexicana y puertos del Atlántico, pidió el cupo y contingente que correspondía al Estado, a pesar de su lejanía y menores recursos lo mando con una prontitud, rapidez y orden sin ejemplo. Cuando a consecuencia de los acontecimientos inesperados de la capital de Guatemala y de los embarazos que se tocaron para la reunión extraordinaria del Congreso federal, se circuló la convocatoria del 1° de Octubre, el Gobierno, facultado por la Legislatura del Estado y con dictamen del Consejo, hizo lo que juzgaba harían de grado los demás Estados en tan extraordinarias circunstancias; esto es, adoptó el decreto, haciéndose la elección de los diputados que se le señalaban; y sucesivamente, cuando llegó el período constitucional para la elección de los Supremos Poderes, también se hizo por los Departamentos del Estado la elección de sus representantes al Congreso federal, que según el orden legal y acuerdos del Congreso debían renovarse para el mismo, porque el Estado estaba muy lejos de pensar que se tratase de entorpecer la marcha constitucional y de alterar los principios establecidos que hemos jurado observar. De consiguiente, cuando se ha invitado a los Estados por el del Salvador para la reunión del Congreso federal en Ahuachapán, mi Gobierno apoyado en el acuerdo de la Junta preparatoria y en los votos emitidos desde antes por la mayoría de los Estados para la traslación de los Supremos Poderes federales fuera de la capital de Guatemala, por ser allí el foco de los partidos y facciones que pongan en combustión la República, les comunicó sus instrucciones para que concurriesen al Congreso de Ahuachapán o cualquiera otro punto en que de hecho se reuniese, para poner termino a los males que amenazaban a la Nación.
La deferencia de Costa Rica, sus conatos y esfuerzos por el restablecimiento de la tranquilidad y del orden interior de la República han quedado sin efecto, pues el Congreso extraordinario de Cojutepeque ha sido restituido libremente por tres Estados, y el ordinario en Ahuachapán, aun antes de poderse reunir, es proscripto por la Dictadura de Guatemala. En tales circunstancias se empeñan nuevamente los partidos por el sostén de su propia opinión, y los intereses de la Nación y mezquinos recursos que debieran economizarse para su fomento y prosperidad y darse respetabilidad en el exterior, se sacrifican y apuran por llevar al cabo un objeto que ni es apoyado por la Ley fundamental, ni por el voto de la mayoría de los Estados emitido libremente.
En tan terrible crisis el Estado de Costa Rica, que no pertenece a ninguno de los partidos, que se ha manifestado sinceramente dispuesto a concurrir al restablecimiento del orden por cualquier medio pacífico que adoptare el voto libre de la mayoría de los Estados, y que se ha mantenido pasivo espectador de sus contiendas, no puede menos de admirar y notar el contraste escandaloso que se advierte en los motivos y aun en los fundamentos que cada partido alega; porque, en efecto, no admira menos los avances del Estado de El Salvador introduciendo tropas en el de Guatemala, que los decretos de proscripción emitidos por la Dictadura del de éste contra los altos funcionarios y Representantes de los Estados en la Federación. Admira que el poder que alcanzo con las fuerzas y tesoros de la Nación se empeñe en hacer la guerra a los Estados de Guatemala y Honduras y a restablecer aquel y que ahora pretende disolver el de El Salvador vindicando las autoridades actuales de Guatemala, no alcanzare a satisfacer la vindicta pública por el atroz asesinato perpetrado en Quezaltenango en la persona del Vice Jefe Flores, cuando era en ejercicio de sus funciones. Admira que la fuerza a intereses de la Nación se empeñen en hacer la guerra a los Estados para recabar la reunión del Congreso extraordinario en Cojutepeque, no estando este paso señalado por la ley y si por el voto libre de tres, y cuando no ha dedicado esfuerzo alguno para la reunión del Congreso constitucional fuera de Guatemala y aun lo resiste, siendo su establecimiento reclamado conforme a la ley y el. voto libre de aquellos mismos.
A vista pues de los extremos y peligros en que se ha tocado y mayores males que son de temerse del giro y progreso de las operaciones hostiles, por el choque violento de las pasiones y consecuencias viciosas que naturalmente dimanan donde la ley es dictada por la fuerza y no por el voto libre de los pueblos, el Gobierno de Costa Rica, interesado sinceramente en el restablecimiento y conservación de la Republica, de conformidad con los sentimientos de sus habitantes invoca el. poder, influjo y esfuerzos del Supremo Poder Ejecutivo de la Republica y el de cada Estado para que cesen los males de la guerra civil y de la división, deponiéndose las arenas y toda medida que violente la opinión, y que dejándose a los Estados obren libremente, consulten y concuerden entre sí, por medio de sus legislaturas, un medio pacífico y conciliatorio para el restablecimiento de la Representación nacional y de la marcha constitucional de la República, pues de otro modo este Gobierno no alcanza a entrever sino una larga cadena de males, ruinas y desastres sobre los pueblos de la República, que del todo la anonadarán y pondrán a discreción de cualquier aventurero; porque aunque las vicisitudes de la guerra y seducción hagan preponderar y gravitar alguna vez a unos pueblos grandes sobre otros, las reacciones son siempre una consecuencia inmediata. En tal concepto el virtuoso pueblo de Costa Rica, que desde la aurora de la Independencia se manifestó amante de ella y de su libertad, que en todos tiempos ha sido sostenedor de la ley, del orden y de la paz pública, que a tan caros objetos , ha dirigido constantemente sus pesos, esfuerzos, miradas y esperanzas, y que a pesar de su pequeñez y obscuridad en que ha vivido, o de la idea despreciable, equivoca o inexacta que se ha formado de él, ha sabido en los momentos más críticos conservarse y sostenerse sin el subsidio de sus hermanos y aun pertenecer a sí mismo con progresos conocidos de su población y de su prosperidad, si se desecharen sus clamores por el genio del mal, como que este mismo ha desquiciado los cimientos del edificio y pacto social y roto de otra parte los vínculos legales, tal vez concentrándose en si mismo y consultando a su estabilidad y conservación, que es la primera ley, buscará el asilo y protección de un gobierno sólido, análogo, fuerte y poderoso, bajo cuya sombra pueda reposar libre de los asaltos de la tiranía y de la anarquía que alternativamente parece amenazan a Centro América.
Tales son las consideraciones que mi Gobierno ha acordado presentar al Supremo de la República, suplicándole que por el bien de ella se sirva fijar su atención para obrar con el tino y madurez que demandan las circunstancias, ofreciendo al propio tiempo a V. los votos de mi alto respeto.
Dios, Unión, Libertad. Joaquín Bernardo Calvo
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